A lo largo de muchos años, la gran vitrina para un artista era encabezar un festival, ganar un Grammy o anunciar una gira mundial. Pero, desde el 19 de julio, esa lista tiene un nuevo escenario. La final de la Copa Mundial de la FIFA estrenó su primer espectáculo oficial de medio tiempo y dejó claro que el torneo más importante del fútbol también quiere convertirse en una plataforma para la música.
La presencia de figuras como Shakira, Madonna, BTS, Justin Bieber y Burna Boy no fue una decisión tomada únicamente para entretener al público durante el descanso del partido. Detrás de ese cartel hay una apuesta mucho más amplia y es aprovechar uno de los eventos con mayor audiencia del planeta para conectar el fútbol con la industria musical y ampliar el impacto de ambos.
Para cualquier artista, una presentación en una final del Mundial representa una oportunidad difícil de igualar. No se trata solo de cantar frente a miles de personas en un estadio, sino de llegar al mismo tiempo a millones de espectadores que siguen el evento desde distintos países. Esa exposición suele traducirse en búsquedas en internet, reproducciones en plataformas de streaming, conversación en redes sociales y un renovado interés por su música.
Shakira es un buen ejemplo de ese vínculo entre la música y el fútbol. La colombiana ya había dejado su huella en la historia de los Mundiales con canciones que trascendieron el torneo y siguieron sonando mucho tiempo después del pitazo final. Ahora regresó con “Dai Dai”, el himno oficial de la Copa Mundial de la FIFA 2026 junto a Burna Boy, pero en un contexto diferente, en una final que decidió darle a la música un espacio nunca antes visto dentro de su programación.
La apuesta también fortalece el valor comercial del propio Mundial. Un espectáculo de estas características atrae a seguidores de los artistas que quizá no habrían visto el partido completo, genera contenido que circula durante horas en plataformas digitales y ofrece nuevas oportunidades para patrocinadores y socios comerciales. En otras palabras, el entretenimiento deja de estar únicamente en el balón y empieza a construirse alrededor de toda la experiencia.
Lo ocurrido en la final de este Mundial deja una señal interesante para la industria. Si el experimento cumple las expectativas de la FIFA, cantar en este escenario podría convertirse en una de las invitaciones más codiciadas para cualquier artista internacional. No solo por el prestigio que representa formar parte del evento deportivo más importante del planeta, sino por el impulso que puede darle a una carrera en un momento en el que la atención del público vale tanto como una buena canción.
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