La escena de la salsa en Colombia está de luto tras el asesinato de Luder Quiñónez, un percusionista de 52 o 53 años cuya vida se apagó el 17 de marzo de 2026 en el barrio Bretaña, en el centro de Cali. El músico fue interceptado por hombres armados, posiblemente en moto, cuando se disponía a subir a su camioneta o realizaba ajustes a su vehículo en la vía pública, en un hecho inicialmente calificado como intento de hurto pero que involucró un intenso intercambio de disparos. Quiñónez recibió múltiples heridas de bala, incluyendo cinco en el abdomen, y aunque fue trasladado de urgencia junto a su compañera sentimental —quien resultó lesionada en una pierna, pero se recuperó— no sobrevivió a la gravedad de sus lesiones en la Clínica Colombia.
Willy García, el reconocido cantante de salsa con quien Quiñónez compartió más de 34 años de escenarios, carrera y confianzas, expresó su devastación a través de un emotivo mensaje en redes sociales. Allí recordó su vínculo como hermanos forjados en la música, desde los días humildes en que juntaban monedas para el transporte público hasta conquistar los más grandes teatros, siempre con el corazón rebosante de sueños pese a los bolsillos vacíos. El salsero destacó la lealtad inquebrantable de Quiñónez, apodado “El Mulato” o “Junior”, como uno de los timbaleros y percusionistas más grandes del país, un ser humano inmenso que se convirtió en parte esencial de su historia personal y profesional. El post incluyó un video con recuerdos de presentaciones compartidas, subrayando cómo la violencia urbana arrebató de forma prematura a un compañero de lucha, risas y resistencia.
La trayectoria de Luder Quiñónez brilla como un pilar de la música del Pacífico colombiano. Nacido en Cali, mostró talento desde los nueve años como timbalero en la Orquesta La Octava Dimensión, y pronto se unió a agrupaciones legendarias como Grupo Niche —bajo la tutela de Jairo Varela—, La Suprema Corte, Proyecto Omega y Son de Cali, que fundó en 2002 y con la que llevó la salsa nacional a escenarios internacionales junto a los Hermanos Lebrón. En su rol como bongosero y músico de estudio, acompañó a Willy García tanto en su fase solista como en diversos proyectos, consolidándose como líder de la percusión local y dejando huella en la rica tradición salsera del Valle del Cauca. Su partida genera un vacío profundo en la comunidad artística, donde era admirado por su técnica impecable y su pasión inagotable.
Las autoridades avanzan en la investigación con prioridad absoluta. El general de brigada Herbert Benavídez, comandante de la Policía Metropolitana de Cali, confirmó la existencia de videos de cámaras de seguridad que capturaron el ataque —incluyendo la llegada de un sujeto con casco rojo que abrió fuego— y material probatorio clave, como un arma de fuego propiedad de la víctima utilizada en el intercambio de disparos. Aunque no hay hipótesis definitivas más allá del posible móvil de robo, la Policía colabora con la fiscalía general de la Nación para identificar y capturar a los responsables. Se ofrece una recompensa de hasta 20 millones de pesos por información útil, contactando la línea 321 394 5156, mientras la Alcaldía distrital respalda los esfuerzos y condena la ola de violencia que azota la ciudad.
La organización de Willy García emitió un comunicado rechazando categóricamente el acto criminal, que enluta no solo a la banda sino a toda la familia musical que compartió con Quiñónez sus tres décadas de trayectoria. Sus y colegas han inundado las redes con mensajes de condolencias, resaltando su calidez humana y contribuciones al género. Este suceso pone en evidencia la vulnerabilidad de los artistas ante la delincuencia común en Cali, urgiendo medidas más efectivas para proteger a figuras culturales que enaltecen la identidad vallecaucana. El mundo de la salsa, enriquecido por el ritmo incansable de Luder Quiñónez, promete honrar su memoria en cada tamborazo y escenario futuro.



