Cuando se habla de Victor Willis, es inevitable pensar en “Y.M.C.A.”, uno de los himnos más reconocidos de la música popular. Sin embargo, limitar su historia a esa canción sería dejar por fuera uno de los capítulos más importantes de su carrera, la defensa de los derechos de autor de quienes crean la música.
Como vocalista original y uno de los compositores de Village People, Willis ayudó a construir un repertorio que trascendió la era disco y se convirtió en un activo de enorme valor para la industria del entretenimiento. Canciones como “Y.M.C.A.”, “Macho Man”, “In the Navy” y “Go West” siguen sonando en eventos deportivos, campañas publicitarias, películas, series y espectáculos alrededor del mundo, demostrando que un catálogo sólido puede mantenerse vigente durante décadas.
Pero su aporte fue mucho más allá del estudio de grabación. En 2012, Victor Willis se convirtió en el primer compositor en recuperar los derechos de explotación de varias de sus obras gracias a una disposición de la Ley de Copyright de Estados Unidos que permite a los autores reclamar nuevamente el control sobre sus creaciones después de un determinado número de años. La decisión marcó un precedente para compositores y músicos que durante décadas habían cedido esos derechos a editoras y compañías musicales.
Ese caso fue seguido de cerca por abogados especializados, editoriales musicales y organizaciones dedicadas a la gestión de derechos, porque abrió la puerta para que otros autores revisaran sus propios contratos y entendieran mejor las posibilidades que ofrece la legislación estadounidense en materia de propiedad intelectual.
Su historia también deja otra enseñanza para la industria. Aunque Village People alcanzó la fama a finales de los años setenta, sus canciones nunca dejaron de generar valor. La permanencia de obras como “Y.M.C.A.” demuestra que el verdadero potencial de un catálogo no termina cuando una canción deja de sonar en la radio; comienza cuando encuentra nuevas formas de conectar con el público a través del cine, la televisión, el deporte, las plataformas digitales y las licencias comerciales.
Ese modelo continúa siendo una referencia para artistas, compositores y sellos discográficos. En una industria donde el valor de un catálogo puede superar incluso el éxito de un lanzamiento reciente, la trayectoria de Victor Willis recuerda que escribir una gran canción no solo puede marcar una época, sino convertirse en un patrimonio creativo y económico que perdure durante generaciones.
Por eso, su legado no se mide únicamente por los millones de personas que bailaron “Y.M.C.A.”, sino también por el impacto que dejó en una conversación que sigue siendo fundamental para la música, quién controla las obras, cómo se protegen los derechos de los compositores y por qué el valor de una canción puede crecer mucho después de haber sido escrita.
[Fuente]
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