La inteligencia artificial ya no solo está cambiando la forma en que se crea música. Ahora también empieza a modificar los criterios que determinan qué canciones pueden competir en los principales rankings de la industria.
La Australian Recording Industry Association (ARIA) actualizó su código de prácticas para establecer nuevas condiciones sobre el uso de inteligencia artificial en las grabaciones que buscan entrar a sus charts. A partir del listado correspondiente al 31 de agosto, las canciones creadas completamente con IA no serán elegibles para aparecer en las listas oficiales de Australia.
La decisión, sin embargo, no significa que ARIA esté cerrando la puerta a cualquier canción que utilice estas herramientas. Las grabaciones en las que la inteligencia artificial tenga un papel de apoyo podrán seguir compitiendo, siempre que el resultado sea principalmente creado por personas, cumpla con las normas aplicables y no existan dudas sobre manipulación de reproducciones o de las posiciones en los charts.
La diferencia es importante para artistas, productores y equipos de trabajo que ya utilizan IA dentro de sus procesos. Una herramienta puede participar en una parte de la producción sin que eso convierta automáticamente una canción en un lanzamiento generado por inteligencia artificial. Lo que ARIA busca determinar es cuánto de la creación depende realmente de la intervención humana.
Para establecer esa diferencia, la organización utilizará las definiciones incluidas en el estándar internacional de etiquetado para música creada con IA que la industria musical presentó en julio. De esta manera, la decisión australiana no aparece como una medida aislada, sino como parte de un esfuerzo más amplio por establecer criterios comunes frente al crecimiento de estas herramientas.
La decisión tomó fuerza en Australia después del caso de Josh Fawaz y su versión de “Like a Prayer”, canción originalmente interpretada por Madonna. El tema llegó a ocupar un lugar destacado en las listas de radio del país y acumuló más de 38 millones de reproducciones en Spotify. Después de una investigación de ABC, los créditos de la canción fueron actualizados para reconocer el uso de inteligencia artificial en las voces y la batería.
El caso puso en una situación incómoda a los sistemas de medición, una canción con componentes generados mediante IA podía competir en las mismas condiciones que cualquier otra grabación mientras el público no necesariamente tenía claridad sobre cómo había sido producida.
Con las nuevas reglas, ARIA podrá rechazar una grabación antes de incluirla en el proceso de medición o retirarla posteriormente si determina que no cumple con los requisitos. También podrá modificar posiciones, retirar certificaciones e incluso revocar un reconocimiento de número uno. Las canciones que sean declaradas no elegibles tampoco podrán competir en los ARIA Awards.
La organización también actualizó el mecanismo para que los artistas y sus representantes puedan presentar pruebas y cuestionar una decisión de exclusión. Esto resulta especialmente relevante porque la frontera entre una canción hecha con herramientas de IA y una canción generada principalmente por IA puede depender de cómo fue utilizado el recurso dentro del proceso creativo.
El cambio va más allá de Australia. Los charts no solo sirven para medir popularidad, también pueden influir en la exposición de un artista, en decisiones de programación radial, en campañas de promoción, en reconocimientos y en la percepción comercial de una canción.
Por eso, definir quién puede competir en esas listas empieza a convertirse en una idea importante a medida que aumenta la cantidad de música creada o modificada con inteligencia artificial.
ARIA, además, dejó abierta la posibilidad de modificar nuevamente sus reglas. La organización aseguró que mantendrá el código bajo revisión a medida que evolucionen tanto la tecnología como las políticas relacionadas con su uso.
La decisión australiana muestra así un cambio que puede extenderse a otros mercados, la industria ya no solo está evaluando cómo se utiliza la inteligencia artificial para hacer música, sino también bajo qué condiciones esa música puede competir por espacios que históricamente han medido el impacto de las creaciones humanas.
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