Una investigación de la Universidad de Rochester demuestra que cualquier persona puede reconocer patrones, anticipar melodías y comprender la estructura musical, incluso sin formación académica.
Rochester, 2026. La música no solo se disfruta: también se comprende de forma profunda e inconsciente. Un estudio reciente de la Universidad de Rochester, publicado en la revista científica Psychological Science, reveló que el cerebro humano posee una sorprendente capacidad para interpretar la lógica interna de la música compleja, incluso en personas sin estudios musicales formales.
La investigación analizó cómo músicos y oyentes sin formación profesional procesan la estructura de las canciones. Los resultados muestran que la simple exposición cotidiana a la música es suficiente para que el cerebro capte patrones, anticipe melodías y organice la información sonora de manera eficiente.
El experimento: música “barajada” como un número de cartas
Para evaluar esta habilidad, los investigadores utilizaron un método innovador: tomaron piezas reales del Álbum para la juventud de Piotr Ilich Tchaikovsky y desordenaron sus compases en distintos niveles. Algunas versiones conservaban la estructura original, mientras que otras presentaban una mezcla casi caótica, aunque mantenían intactos los sonidos y ritmos básicos.
El estudio se desarrolló en cuatro experimentos con un total de 419 adultos, de entre 19 y 42 años. En la primera prueba, los participantes debían recordar melodías tras escuchar versiones con diferentes grados de coherencia. En la segunda, se midió su capacidad para predecir la siguiente nota de una secuencia musical.
Los resultados fueron claros: tanto músicos como no músicos anticipaban y recordaban mejor las melodías cuando la música mantenía su estructura original. A medida que la obra estaba más ordenada, la precisión aumentaba de forma significativa, independientemente del nivel de formación musical.
Músicos vs. oyentes: diferencias sutiles
En la tercera fase del estudio, los científicos analizaron cómo los oyentes detectan el final de una sección y el inicio de otra dentro de una pieza. Descubrieron que esta capacidad depende de la estructura global de la obra y no solo de lo que se escucha en el momento inmediato.
La cuarta prueba pidió a los participantes identificar qué tan “mezclada” estaba una pieza. Aquí, los músicos mostraron una ligera ventaja, al reconocer con mayor precisión los cambios en las estructuras de gran escala, conocidas como hiperfrases. Según los autores, el entrenamiento musical permite detectar técnicamente los errores, mientras que los oyentes sin formación suelen experimentar solo una sensación general de extrañeza.
Aun así, el estudio subraya que el entrenamiento formal influye muy poco en la comprensión básica de la estructura musical. El cerebro humano interioriza de manera inconsciente las reglas complejas de la música simplemente escuchándola a lo largo de la vida.
Música y lenguaje: un vínculo cerebral
Los investigadores establecen un paralelismo directo entre la música y el lenguaje. Ambos sistemas comparten mecanismos de procesamiento contextual en el cerebro, lo que permite anticipar eventos futuros a partir de la información previa. Este proceso es similar a la forma en que las personas predicen palabras o frases durante una conversación.
Además, el estudio abre nuevas puertas para la investigación en envejecimiento y deterioro cognitivo. Comprender cómo el cerebro integra contextos musicales complejos podría ayudar a desarrollar herramientas para evaluar cambios cognitivos a lo largo de la vida.



