Los efectos de sonido que escuchamos en una película, una serie o un videojuego también tienen detrás años de trabajo. Una explosión, una puerta, unos pasos, un ambiente de ciudad o una grabación de campo pueden pasar desapercibidos para el público, pero detrás de cada uno puede haber equipos dedicados a grabarlos, editarlos, clasificarlos y preparar las bibliotecas que después utilizan las producciones.
Ahora, quienes trabajan en ese sector quieren que ese trabajo tenga una protección más clara frente a la inteligencia artificial. Sound designers, técnicos de grabación, mezcladores y compañías especializadas en bibliotecas de efectos de sonido crearon la Professional Sound Alliance, una organización que busca promover reglas de licenciamiento para el uso de sonido profesional en cine, televisión, videojuegos y sistemas de inteligencia artificial. La alianza fue presentada el 24 de septiembre y parte de una preocupación concreta, que sus archivos sean utilizados sin autorización para entrenar modelos de IA o que aparezcan en producciones sin la licencia correspondiente.
La organización identifica dos problemas. El primero es el uso de bibliotecas de sonido para entrenar modelos comerciales sin permiso ni compensación. El segundo ocurre cuando un sonido adquirido para un proyecto termina siendo utilizado en otra producción sin que exista una licencia que lo permita.
Detrás de cada biblioteca profesional hay años de grabaciones y trabajo que tienen un valor comercial. Una empresa como Pro Sound Effects, uno de los principales impulsores de la alianza, puede pasar años construyendo un catálogo a partir de grabaciones de campo, edición, clasificación y etiquetado profesional. La compañía, por ejemplo, comercializa un conjunto de datos para entrenamiento de IA que reúne 1,27 millones de sonidos y más de 5.000 horas de audio, descritos como contenidos con derechos despejados y etiquetados por profesionales.
La inteligencia artificial ya está creando herramientas capaces de generar efectos de sonido a partir de instrucciones. Stability AI lanzó en mayo su modelo Small SFX, diseñado específicamente para generar efectos de sonido, mientras Sony AI presentó Woosh, un modelo capaz de producir sonidos a partir de texto y video.
El problema de la Professional Sound Alliance no es que toda utilización de sonido para desarrollar inteligencia artificial sea ilegal o deba desaparecer. De hecho, dos de las compañías que forman parte de la alianza, Pro Sound Effects y Boom Library, ya han licenciado sus bibliotecas para determinados desarrollos de IA.
Lo que están cuestionando es el uso no autorizado de esos materiales. La propia Pro Sound Effects explicó a Music Business Worldwide que licencia datos para aplicaciones como aprendizaje automático, reconocimiento de sonido, cancelación de ruido e investigación, pero que la preocupación de la alianza está específicamente en el uso y extracción de información sin autorización.
La diferencia es importante para el negocio. Una compañía tecnológica puede necesitar grandes cantidades de sonido profesional para desarrollar una herramienta, pero esto no quiere decir que tenga automáticamente derecho a tomar una biblioteca y utilizarla para entrenar un modelo. La alianza quiere que esa relación se produzca mediante acuerdos en los que se conozca qué material se utiliza, para qué se utiliza y bajo qué condiciones.
Las bibliotecas de sonido llevan años enfrentándose a usos incorrectos de sus archivos. Un cliente puede tener una licencia para utilizar determinados efectos en una producción y no necesariamente puede trasladar esos mismos archivos a otro proyecto. Compartir una biblioteca con alguien que no está cubierto por el acuerdo tampoco convierte automáticamente ese uso en autorizado.
La llegada de la IA hace que el asunto sea mucho más grande porque un archivo puede dejar de utilizarse únicamente como un efecto dentro de una producción y convertirse en material para entrenar una herramienta capaz de generar miles de sonidos nuevos.
Las compañías discográficas llevan más de dos años reclamando a empresas de IA por el uso de grabaciones para entrenar modelos generativos, mientras algunas compañías tecnológicas han comenzado a negociar licencias con los titulares de derechos. La Professional Sound Alliance está intentando que quienes trabajan con efectos y diseño sonoro tengan una estructura propia para participar en esa nueva economía.
La comparación tiene un límite. La alianza no es un sindicato como SAG-AFTRA ni una organización creada para iniciar demandas. Tampoco anunció un sistema obligatorio de licencias. Por ahora, funciona como una iniciativa de representación, con una petición abierta para que se sumen profesionales, artistas, empresas de tecnología, compañías de software y estudios.
Entre sus fundadores aparecen Douglas Price, de Pro Sound Effects; Pierre Langer, de Boom Library; Craig Nimens, de Sound Ideas; la mezcladora Karol Urban y el diseñador de sonido Mark Mangini, ganador de dos premios Óscar. La alianza también cuenta con un sello que sus integrantes pueden utilizar para identificar públicamente su apoyo a la iniciativa.
Para la industria audiovisual y tecnológica, el punto central es sencillo, los sonidos utilizados para construir una producción también tienen un origen, un trabajo detrás y unas condiciones de uso. La IA está convirtiendo esos archivos en un recurso que puede tener nuevas aplicaciones comerciales, y quienes los crean quieren participar de esas reglas en lugar de descubrir después que su trabajo terminó dentro de una herramienta que nunca autorizaron.
Una biblioteca de sonido puede terminar convertida en el combustible de una herramienta de IA capaz de crear miles de efectos nuevos. Por eso, quienes llevan años grabando, editando y organizando esos sonidos quieren algo muy concreto, que nadie pueda tomar su trabajo, entrenar una tecnología con él y hacer negocio sin pedir permiso. La Professional Sound Alliance acaba de organizar esa exigencia; ahora busca que el sector tecnológico tenga que escucharla.
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