La relación entre la inteligencia artificial y la industria musical sigue escribiendo nuevos capítulos en los tribunales. Esta vez, Sony Music presentó una nueva demanda contra la plataforma Udio en la que asegura que más de 30.000 de sus grabaciones fueron utilizadas sin autorización para entrenar el modelo de inteligencia artificial de la compañía.
La acción judicial incluye exactamente 30.117 fonogramas que, según Sony, fueron identificados durante el proceso de recopilación de pruebas mediante tecnología de reconocimiento de audio. La discográfica sostiene que esas grabaciones hacen parte del material empleado para desarrollar el sistema de generación musical de Udio, una práctica que considera una infracción a sus derechos de autor.
La decisión de presentar un nuevo proceso responde a un movimiento procesal y no a un cambio de postura. A finales de junio, un juez rechazó la solicitud de Sony de incorporar esas miles de grabaciones a la demanda original. Sin embargo, dejó abierta la posibilidad de reclamarlas en un expediente independiente, camino que la compañía decidió seguir con esta nueva acción.
Más allá del número de obras involucradas, el caso refleja un aspecto que empieza a cobrar relevancia para toda la industria. Las grandes discográficas ya no solo cuestionan el uso de sus catálogos para entrenar sistemas de inteligencia artificial; también buscan demostrar, con evidencia técnica, cuáles grabaciones habrían sido utilizadas y de qué manera llegaron a esos modelos.
En su demanda, Sony sostiene que la existencia de acuerdos de licencia firmados por empresas de inteligencia artificial con algunos titulares de derechos demuestra que sí existe un mercado para autorizar el uso de música en el entrenamiento de estos sistemas. Bajo esa lógica, la compañía argumenta que ninguna plataforma debería utilizar grabaciones protegidas sin contar previamente con la autorización de sus propietarios.
El resultado de este proceso será seguido de cerca por sellos discográficos, plataformas tecnológicas y artistas. Más que definir el futuro de una sola empresa, el caso podría convertirse en una referencia para otros litigios relacionados con el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial y el uso de obras musicales protegidas. En un momento en el que la tecnología avanza más rápido que la regulación, decisiones como esta ayudarán a marcar el camino que seguirá la industria en los próximos años.



