Para algunos artistas cada disco es como una parada en el largo peregrinaje de su carrera, y Draco Rosa es uno de ellos; cada álbum tiene un gran peso en su historia, y describe una etapa. Para fortuna del puertirriqueño, hace un tiempo sus discos dejaron de sentirse como estaciones de un tortuoso viacrucis.
Olas de luz, su más reciente LP, llega cinco años después de Sound Healing 1:11, que fue su último trabajo con canciones inéditas.
Tal vez Olas de luz no deba compararse con su predecesor porque este iba en una línea muy distinta, aunque mostraba -con evidencias de sobra- el momento que atravesaba Draco al trabajar con muchos simbolismos en medio de oleadas ambient con instrumentos y frecuencias sanadoras. En 2021 Draco le decía a Los Angeles Times que Sound Healing 1:11 era una continuación para Monte sagrado, de 2018, que fue un disco muy rockero. En medio de todo eso, tal vez podríamos encontrar que estos tres últimos discos se encuentran atravesados por el espíritu de la plegaria. Muchas de estas canciones se sienten como rezos en los que el artista agradece las nuevas oportunidades que le ha dado la vida, y pide protección después de haber atravesado varios infiernos.
“‘Llama eterna’ es una oración”, ha confesado Draco sobre esta canción, que recuerda un poco el tono jazzero de Mad Love (2004). “Una plegaria nace en cada suspiro […] En tu luz todas mis heridas sanaré”, canta antes de pasar a ‘Colores del ayer’, que navega entre el Caribe y el Mediterráneo con aires flamencos.
Luego viene ‘Montserrat’, que por su oscura densidad podría haber hecho parte de Vagabundo, la joya de 1996 que explotó con ‘Penélope’ y ‘Madre tierra’. ‘Carro de heno’ es puro Draco, haciendo equilibrio mientras pisa nuevamente todas las huellas que nos ha dejado, porque este álbum -de principio a fin- se siente como una síntesis definitiva de quien ha dejado de pelear con sus fantasmas para empezar a conversar con ellos bajo una luz distinta.
Si Frío (1994) fue el estallido de un compositor excepcional que reclamaba su espacio en el rock latino con la sensibilidad de un grande, Vagabundo fue una especie de catedral gótica, construida con distorsiones y angustias que alcanzaban a proyectarse en la liberación experimental de Mad Love. Pero esto es otra cosa, en Olas de luz la profundidad no viene de la desesperanza o la locura, sino de la contemplación y sus reflexiones anexas.
“Vendo mis pecados, mis cartas sin respuesta / Y mis viejas melodías de dolor, mis promesas incumplidas te las vendo yo / Y mis días de alegría, mis mentiras y verdades / Mis promesas de papel, todo lo que queda en mí”, canta en ‘Todo por el amor’, mientras se despoja de cualquier armadura para mostrar una vulnerabilidad sin trampas.
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