Las conversaciones entre las grandes disqueras y las empresas de inteligencia artificial empiezan a mostrar un resultado concreto. Warner Music prevé que los acuerdos de licenciamiento firmados durante los últimos meses comenzarán a generar ingresos por suscripciones antes de que termine 2026.
La expectativa fue compartida por Robert Kyncl, director ejecutivo de Warner Music Group, durante la presentación de los resultados financieros de la compañía. Según explicó, los acuerdos alcanzados con desarrolladores de inteligencia artificial permitirán que parte del valor generado por estas herramientas regrese a la industria musical mediante modelos de licenciamiento que ya comenzaron a ponerse en marcha.
El anuncio refleja un cambio importante frente a lo que ocurría hace pocos meses. En lugar de concentrar todos sus esfuerzos en frenar el uso de obras protegidas, las grandes disqueras han empezado a negociar con compañías dedicadas al desarrollo de inteligencia artificial para establecer condiciones de uso y mecanismos de compensación económica.
Warner fue una de las primeras compañías en formalizar acuerdos con plataformas como Suno y Udio, dos de las empresas que desarrollan herramientas capaces de crear música mediante inteligencia artificial. Esos convenios buscan que el uso del repertorio ocurra bajo licencias negociadas y no al margen de los titulares de los derechos.
Para la compañía, el impacto de esas alianzas todavía será gradual. Kyncl explicó que los primeros efectos económicos comenzarían a verse durante la segunda mitad de este año, especialmente en el negocio de las suscripciones. Aunque la contribución inicial no será determinante dentro de los resultados financieros, Warner considera que este mercado tiene potencial para convertirse en una nueva fuente de ingresos a medida que crezca la adopción de estas tecnologías.
El movimiento también confirma que la estrategia de las grandes discográficas está evolucionando. El tema dejó de centrarse exclusivamente en impedir el avance de la inteligencia artificial y ahora incorpora un objetivo adicional, y es encontrar modelos comerciales que permitan participar en el valor económico que generan estas nuevas plataformas.
Para el resto de la industria, el mensaje también resulta de gran importancia. Sellos independientes, editoras, distribuidoras y administradores de derechos siguen de cerca estos acuerdos porque pueden convertirse en una referencia para futuras negociaciones con empresas tecnológicas interesadas en desarrollar productos basados en música.
Todavía quedan interrogantes sobre la manera en que se distribuirán esos ingresos y sobre el impacto que tendrán para compositores, intérpretes y propietarios de catálogos. Sin embargo, la expectativa expresada por Warner deja ver que la inteligencia artificial empieza a dejar de ser únicamente un desafío jurídico para convertirse, poco a poco, en una línea de negocio que las grandes compañías ya incorporan dentro de sus proyecciones financieras.



