Mientras el mundo de la industria musical concentra gran parte de su atención en la inteligencia artificial, el streaming y las giras, hay un negocio que sigue creciendo casi en silencio, se trata de los derechos musicales. La más reciente muestra llegó con el acuerdo mediante el cual Influence Media Partners adquirirá los catálogos de música grabada y publicación musical de Anthem Entertainment en una operación valorada en más de US$600 millones, que aún deberá cumplir las condiciones habituales para su cierre.
La adquisición incorpora al portafolio de Influence Media miles de composiciones y grabaciones administradas por Anthem, entre ellas obras vinculadas con artistas y compositores como Rush, además de producciones relacionadas con Timbaland y otros creadores que hacen parte del catálogo de la compañía.
Más allá del tamaño de la operación, la noticia confirma una tendencia que viene consolidándose desde hace varios años. Los fondos de inversión y las compañías especializadas continúan destinando grandes recursos a la compra de derechos musicales porque representan activos capaces de generar ingresos durante largos periodos. Cada reproducción en plataformas digitales, licencia para cine, televisión, publicidad o videojuegos, así como las emisiones en radio y otros usos comerciales, mantiene vigente el valor económico de esas obras.
El verdadero valor de una canción suele medirse con el paso del tiempo. Aunque deje de sonar en los rankings, un catálogo bien administrado puede seguir generando ingresos a través de plataformas digitales, licencias audiovisuales, publicidad y otros usos comerciales. Esa permanencia es la que hoy mantiene a los derechos musicales entre los activos más atractivos de la industria.
Influence Media ha construido parte de su crecimiento alrededor de la adquisición de derechos musicales. La firma, respaldada por inversiones de BlackRock y con participación de Warner Music Group, ha ampliado su portafolio con obras de artistas, compositores y productores de distintas generaciones. La incorporación de los catálogos de Anthem representa un nuevo paso dentro de esa estrategia.
La compra de los activos musicales de Anthem vuelve a demostrar que las canciones siguen siendo uno de los bienes más valiosos de la industria. Mientras la tecnología transforma la forma en que se produce, distribuye y consume música, los grandes inversionistas continúan apostando por aquello que permanece en el tiempo, un repertorio con capacidad de generar ingresos muchos años después de su lanzamiento.



