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Bogotá se está afirmando como una de las principales plazas de América Latina para las giras internacionales. La llegada de artistas como BTS, las próximas presentaciones de Karol G y la convocatoria de festivales como Rock al Parque reflejan el tamaño que está alcanzando el mercado colombiano para la música en vivo. Sin embargo, a medida que crece la agenda, también aumenta la necesidad de coordinar escenarios, transporte, seguridad y actividades que comparten los mismos espacios.
Los dos conciertos de BTS en el estadio El Campín, realizados el 2 y 3 de octubre, reunieron a más de 100.000 asistentes. La convocatoria confirmó la capacidad de Bogotá para recibir espectáculos de gran formato, pero el estado de la cancha después de las presentaciones también tuvo consecuencias, unos diez días más tarde, el partido entre Millonarios y Once Caldas fue suspendido cuando los aficionados ya estaban en las tribunas. La Dimayor responsabilizó al concesionario Sencia, encargado de administrar el estadio, y también se aplazó un encuentro entre Santa Fe y Jaguares.
El alcalde Carlos Fernando Galán pidió iniciar acciones contra el concesionario. Sencia ofreció disculpas y afirmó que el fútbol seguirá siendo una prioridad. El episodio evidenció la importancia de planificar el uso de los estadios con suficiente anticipación, especialmente cuando reciben conciertos multitudinarios y deben quedar en condiciones para otras actividades.
La agenda de la capital no se detiene. El Campín tenía otros seis eventos musicales programados para lo que restaba de 2026, incluidas tres fechas de Karol G en diciembre. A esto se suma la capacidad de convocatoria de Rock al Parque, que durante la celebración de sus 30 años reunió a más de 290.000 personas en un solo día, según los datos citados por El País.
La concentración de eventos también pone a prueba la movilidad y la infraestructura urbana. Durante el mismo fin de semana de Rock al Parque coincidieron en Bogotá el concierto de Iron Maiden y la feria SOFA, en sectores cercanos. Algunos asistentes reportaron dificultades con el transporte público y expresaron preocupación por la circulación de personas y las condiciones de acceso y evacuación en el festival.
Para la música en vivo, Bogotá cuenta hoy con una oferta más amplia de escenarios, entre ellos el Movistar Arena, el Coliseo MedPlus y Vive Claro, con capacidad para más de 50.000 personas. La ciudad también tiene previsto renovar El Campín, un proyecto que, de acuerdo con los planes anunciados, comenzaría a funcionar en 2028 e incluiría mejoras y una capacidad de hasta 60.000 espectadores.
La disponibilidad de estos espacios ayuda a que Colombia pueda recibir giras de distintas dimensiones y ofrecer más opciones a promotores y artistas. Pero el crecimiento también requiere coordinación entre organizadores, administradores de escenarios, autoridades y operadores de transporte. La experiencia del público depende tanto de lo que sucede durante el concierto como de las condiciones de ingreso, salida y desplazamiento, mientras que la programación de los estadios debe contemplar el cuidado de sus instalaciones y los eventos que se realizan después.
Bogotá tiene una oportunidad importante para fortalecer su posición en el circuito internacional de conciertos. La llegada de artistas globales, los festivales de gran convocatoria y la apertura de nuevos escenarios muestran que existe público para espectáculos cada vez más grandes. El siguiente paso es acompañar esa demanda con una organización capaz de sostenerla y que cada concierto sea una oportunidad para el sector musical y para la ciudad, sin comprometer el funcionamiento de los espacios que hacen posible recibirlos.
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[Fuente]
https://elpais.com/



